CAPITULO I:
La luz mortecina del amanecer apuntaba en el horizonte mientras yo intentaba enfundarme unos vaqueros y un jersey negro. A esas horas de la mañana y a la altura a la que nos encontrábamos, hacia frio incluso en febrero. Me recogí el pelo en un moño hecho a toda prisa y me calcé unas botas de montaña. A pesar de lo importante que era no hacer ruido, no debía preocuparme porque mis padres despertaran. No eran precisamente madrugadores, por así decirlo.
Al otro lado de la ventana de mi dormitorio, la gárgola de piedra me aguijoneaba con la mirada mientras me sonreía con una mueca flanqueada por unos colmillos prominentes.Coji la chaqueta vaquera y le saque la lengua.
Mientras planeaba mi escape del instituto tuve un sueño despierta: "Una flor de color sangre. El viento aullaba entre los árboles que me envolvían, azotando las ramas en todas las direcciones. En lo alto, el cielo se encapotaba de nubes tormentosas. Me aparté el pelo, que me castigaba la cara. Solo quería mirar la flor.
Los pétalos, perlados de lluvia, eran de un rojo vívido, lánguidos y afilados, como los de algunas orquídeas tropicales. Sin embargo, la flor estaba lozana y completamente abierta, prendida de la rama, como una rosa. Era lo más exótico y fascinante que había visto nunca. Tenía que ser mía" ¿Porque me hizo estremecer ese sueño? Solo era un sueño. Respiré hondo y me concentre. Era hora de partir.
A ver no estaba escapándome de casa, al menos no era en serio, hay gente a la que le gusta conocer extraños y hace amigos con facilidad, pero yo nunca he sido así Ni por asomo.
Es curioso cómo la gente te llama <<Tímida>>, suele sonreír. Como si hiciera gracia, como si se tratara de una de las manías que acabas perdiendo cuando te haces mayor, como los huecos que te quedan entre los dientes cuando se te caen los de leche. Si supieran lo que se siente cuando no solo se trata de que te cueste romper el hielo, sino ser tímido de verdad, no sonreirían. Se lo pensarían dos veces si supieran que esa sensación te atenaza el estómago, o te hace sudar las manos, o te impide decir algo que tenga sentido. No hace ninguna gracia.
En cuanto enfilamos la entrada de la Academia Eternidad y vi aquella mole gótica de piedra tan monstruosa, supe de inmediato que me gustaría pero me costaría tratar de encajar en ella. Vivíamos en lo alto de una de las torres de eternidad, y sé que eso suena más excitante de lo que en realidad es, ya que comportaba de tener que bajar unos escalones que habían sido tallados en la roca hacía más de doscientos años y que, con el desgaste del tiempo, ahora eran irregulares. La larga escalera de caracol tenía pocas ventanas y todavía no habían encendido las luces, por lo que la oscuridad contribuía el descenso.
Me estaba pasando algo muy extraño me detuve por un momento y mi sueño siguió: "Al agacharme para coger la flor, el seto se estremeció. Era el viento pensé, pero no era el viento. No, el seto crecía, y lo hacía tan rápido que podía apreciarse a simple vista. Enredaderas y zarzas se abrían paso entre las hojas a través de una maraña de quejidos. Antes de que pudiera echar a correr, el seto casi me hacía rodeado. Estaba cercada por ramas y espinas."
Lo último que necesitaba era que mis pesadillas me asaltaran cada dos por tres. Respiré hondo y seguí bajando los escalones hasta llegar al gran vestíbulo de la planta baja. Era un espacio majestuoso, construido para emocionar o al menos para impresionar; suelos de mármol, altos techos abovedados y ventanales con vidrieras que alzaban desde el suelo hasta las vigas formando un dibujo calidoscópico. Abrí la pesada y ornamentada puerta de entrada de un fuerte empujón y respire libertad.
Las primeras nieblas del alba lo cubrían todo con un manto gris azulado mientras atravesaba los prados que rodeaban el internado.
"Estallo un trueno. Se me acelero el pulso. Volví la espalda a Eternidad definitivamente y observe la flor, que temblaba en su rama. El viento le arranco un pétalo. Introduje las manos entre las espinas sentí que me laceraban la piel dolorosamente, pero eso no me detuvo; estaba decidida"
A cientos de metros de mí, había un hombre envuelto en un abrigo largo y oscuro, entre los árboles, medio oculto por la niebla. En el momento en que nuestras miradas se encontraron echo a correr a mi dirección.
Sentí una sensación fría como el agua helada sacudió todo mi cuerpo y entonces no grite ¿para qué? nadie vendría a salvarme. Oí sus pasos detrás, quebrando ramas se acercaba, tropecé con una piedra saltó sobre mi caímos rodando, me aplastó contra el suelo con sus piernas y brazos entrelazados con las mías. Lo mire fijamente unos instantes, deje caer la cabeza contra el suelo, soltando un suspiro. El tipo seguía a mi lado y le pregunte ¿Porque me haz tirado al suelo? - Pensé que deberíamos ponernos a cubierto y escondernos de... nadie.
Agacho la cabeza y conseguí mirarlo con tranquilidad por primera vez. Me di cuenta de que no se trataba de un adulto, era joven tal vez de mi edad: La carrera le había alborotado el pelo, liso y de color castaño oscuro, que le caía sobre la frente, ocultando sus ojos verdes increíblemente oscuros. Tenía una mandíbula fuerte, un cuerpo musculoso y robusto.
- Eres del instituto dijo con una voz cálida y abrigadora
- Lamentablemente si, respondí; -embozo una amplia sonrisa diciendo ¿Cómo te llamas?
-La verdad no sabía que contestar...después de pensarlo dije -Danna Oliver y tú? Lucas Ross respondió.
Se levantó leve me tendió su mano. El corazón te va a mil por hora - Murmuró Lucas. Volvió a mirarme con ojos inquisidores y me puse nerviosa, aunque por motivos distintos había algo en el que me hizo sentir atolondrada su atractivo inexplicable me tenía hecho un revuelto la mente.
Caminamos leves mirándonos disimulados al llegar a la puerta del instituto dijo: espero verte pronto Danna me sonrojé apoyo sus suaves y fríos labios sobre mi mejilla no sabía que hacer simplemente me lancé...Lo abrace y le logre murmurar -Gracias Lucas por traerme devuelta!; se alejó poco a poco su figura para mi perfecta se desvaneció con la niebla dejándome inquieta y por alguna razón feliz...
CAPITULO II:
Volví a ascender la larga escalera de caracol hasta llegar al último piso de la torre, vi una figura asomada en la pequeña ventana esperándome; era muy particular -¿Lucas? Logre decir todavía temblorosa a causa de la descarga de adrenalina, ¡Danna! ¿Te gustan las gárgolas? Dijo con desdén – Me gustan los monstruos más pequeños que yo. –No me lo había planteado de esa manera.
El sol brillaba con fuerza y tuve la sensación de que la escuela despertaba y se preparaba para recibir a los alumnos y engullirlos a través de la abovedada entrada de piedra. – Todavía no es demasiado tarde para salir corriendo Danna, dijo con tranquilidad –No quiero salir corriendo, pero tampoco quiero estar rodeada de extraños. Cuando estoy con gente que no conozco soy incapaz de hablar, de actuar con normalidad o de ser yo misma… ¿Por qué sonríes?
-Pues a mí me parece que no has tenido muchos problemas para hablar conmigo.
Parpadee, sorprendida. Lucas tenía razón. ¿Cómo era posible?
-Contigo…supongo que…Creo que me asustaste tanto que se me pasó el miedo de golpe –balbucí
-Eh, pies si funciona
-Si –Sin embargo, tuve la sensación de que había algo más. Los extraños seguían dándome pánico, pero él no era un extraño. Había dejado de serlo en cuanto comprendí que había intentado salvarme la vida. Tenía la sensación de conocer a Lucas desde siempre, como si hubiera esperado su llegada durante años.
-Pues a mí me parece que no has tenido muchos problemas para hablar conmigo.
Parpadee, sorprendida. Lucas tenía razón. ¿Cómo era posible?
-Contigo…supongo que…Creo que me asustaste tanto que se me pasó el miedo de golpe –balbucí
-Eh, pies si funciona
-Si –Sin embargo, tuve la sensación de que había algo más. Los extraños seguían dándome pánico, pero él no era un extraño. Había dejado de serlo en cuanto comprendí que había intentado salvarme la vida. Tenía la sensación de conocer a Lucas desde siempre, como si hubiera esperado su llegada durante años.
Debo volver antes que mis padres se den cuenta.-No dejes que te sermoneen - No lo harán.
Lucas no parecía tan seguro, pero asistió y se alejo.se perdió entre las sombras mientras yo entraba en un cerco de luz. Levante la mano para decirle adiós pero ya se había ido había desaparecido sigilosamente; no comprendí como hizo para subir los escalones antes que yo, ¿Cómo lo había hecho? Su nombre daba vueltas en mi cabeza.
En ese instante se me vino a la mente la imagen de Lucas abalanzándose sobre mí y los dos rodando entre la hierba y las hojas. Me había dado un susto de muerte y me estremecí al recordarlo, aunque ahora por razones bien distintas.
Me prepare lenta quemando tiempo antes de engullirme entre la multitud que me esperaba; el hecho de que Lucas estuviera entre ellas, una cara amiga, un protector, mi protector ayudaba un poco. Aunque no mucho.
Finalmente cuando fue obvio que no podía posponerlo más, entre en mi dormitorio y lo peor de todo fue el extraño sueño que había tenido ese día.
Una camisa blanca almidonada.
“Espinas arañándome la piel, azotándome, animándome a regresar”
Una falda roja plisada.
“Pétalos abarquillándome y ennegreciéndose, como si ardieran en medio de la hoguera.
Un jersey gris con el escudo de Eternidad.
“Vale, ¿no es esta una buena ocasión para dejar de ser una tonta sin remedio? ¿Cómo ya, por ejemplo?
Una camisa blanca almidonada.
“Espinas arañándome la piel, azotándome, animándome a regresar”
Una falda roja plisada.
“Pétalos abarquillándome y ennegreciéndose, como si ardieran en medio de la hoguera.
Un jersey gris con el escudo de Eternidad.
“Vale, ¿no es esta una buena ocasión para dejar de ser una tonta sin remedio? ¿Cómo ya, por ejemplo?
Decidida a comportarme como una adolescente normal y corriente, al menos el primer día de clase debería ser ¡UNA CHICA ESTUPIDA!, me mire en el espejo. El uniformé no me quedaba precisamente mal, aunque tampoco de muerte. Me hice una coleta, me sacudí una ramita que se me había pasado por alto.
Volví a bajar los escalones, llegue abajo y Salí del vestíbulo. A pesar del bullicio, tuve la sensación de que mis pasos retumbaban en la sala porque varias personas se volvieron hacia mi a la vez; era como si todo el mundo se hubiera vuelto a mirar al intruso, como si llevara colgada del cuello un letrero de neón que dijera ¡LA NUEVA!
Los alumnos reunidos en corros demasiado apretados para que pudiera entrar un recién llegado, todos me parecían tan iguales por su perfección; las chicas les brillaba el pelo, ya lo llevaban suelto sobre los hombros o recogido con un pulcro moño. Todos los chicos parecían seguros de sí mismos y vigorosos, con sonrisas que les servían de máscaras. Todos derrochaban seguridad y desdén. Sentí el calor que desprendía allí de pie, en la periferia de la estancia, cambiando de un pie a otro, incomoda.
Nadie me saludo.
El murmullo general volvió a imponerse de inmediato. Por lo visto las chicas nuevas desgarbadas no merecían más que unos instantes de atención. Tenía las mejillas encendidas de vergüenza; me pregunte donde podría estar Lucas. Creía poder enfrentarme a todo aquello si Lucas estaba a mi lado. Tal vez era una tontería albergar ese tipo de sentimientos hacia un chico que apenas conocía, pero me daba igual. A medida que iba caminando por los pasillos note que no era la única en la misma situación, un chico rubio moreno de playa que llevaba la ropa tan arrugada que parecía que había dormido con ella, debajo de su chaqueta llevaba un camisa de historietas de colores tan chillones que se desgañitaban en la penumbra de Eternidad. También había una chica de cabello castaño muy oscuro casi como el mío, su corte de pelo pareciera que se lo hubieran hecho con una navaja de afeitar; estaba atrapada en la periferia de la multitud, intimidada por el vestíbulo de piedra caminaba hacia mi nuevo dormitorio inquieta por conocer mi nueva compañera de cuarto.
Nadie me saludo.
El murmullo general volvió a imponerse de inmediato. Por lo visto las chicas nuevas desgarbadas no merecían más que unos instantes de atención. Tenía las mejillas encendidas de vergüenza; me pregunte donde podría estar Lucas. Creía poder enfrentarme a todo aquello si Lucas estaba a mi lado. Tal vez era una tontería albergar ese tipo de sentimientos hacia un chico que apenas conocía, pero me daba igual. A medida que iba caminando por los pasillos note que no era la única en la misma situación, un chico rubio moreno de playa que llevaba la ropa tan arrugada que parecía que había dormido con ella, debajo de su chaqueta llevaba un camisa de historietas de colores tan chillones que se desgañitaban en la penumbra de Eternidad. También había una chica de cabello castaño muy oscuro casi como el mío, su corte de pelo pareciera que se lo hubieran hecho con una navaja de afeitar; estaba atrapada en la periferia de la multitud, intimidada por el vestíbulo de piedra caminaba hacia mi nuevo dormitorio inquieta por conocer mi nueva compañera de cuarto.
Subí unas pocos escalones abrí la puerta temblorosa; me sudaban las manos estaba cada vez más sonrojada, me había prometido ser fuerte y no permitir que la gente me intimidara, pero las palabras se las lleva el viento… iba a tener la tortura de vivir con una extraña ni en mis mejores sueños imaginaba hacer una amistad con nadie.
En el impreso ponía <<Patrice Blanck>> descubrí que el nombre de mi compañera le iba como anillo al dedo. No era ninguna marginada como yo, en realidad, era la mismísima personificación del prototipo de Eternidad.
El cutis de Patrice tenía la tonalidad de un rio al amanecer, una piel exquisitamente tostada y suave, y llevaba el cabello lizo rubio claro recogido con un moño flojo que dejaba a la vista sus pendientes de perla y su esbelto cuello. Estaba sentada delante del tocador y me miro mientras ordenaba cuidadosamente sus botes de laca para el pelo.
- Así que tú eres Danna-dijo. Ni apretones de manos, ni abrazos, solo el tintineo de los botes de laca contra el tocador-No eres como esperaba.
Miles de gracias.
-Lo mismo digo.
Patrice ladeo la cabeza y me escudriño con la mirada. Me preguntaba si ya nos odiábamos, alzo una mano con su pedicura perfecta diciendo – estoy segura de que ambas podemos aprender muchas cosas la una de la otra ¿alguna objeción?
-Todo perfecto – De acuerdo. Nos llevaremos bien.
El cutis de Patrice tenía la tonalidad de un rio al amanecer, una piel exquisitamente tostada y suave, y llevaba el cabello lizo rubio claro recogido con un moño flojo que dejaba a la vista sus pendientes de perla y su esbelto cuello. Estaba sentada delante del tocador y me miro mientras ordenaba cuidadosamente sus botes de laca para el pelo.
- Así que tú eres Danna-dijo. Ni apretones de manos, ni abrazos, solo el tintineo de los botes de laca contra el tocador-No eres como esperaba.
Miles de gracias.
-Lo mismo digo.
Patrice ladeo la cabeza y me escudriño con la mirada. Me preguntaba si ya nos odiábamos, alzo una mano con su pedicura perfecta diciendo – estoy segura de que ambas podemos aprender muchas cosas la una de la otra ¿alguna objeción?
-Todo perfecto – De acuerdo. Nos llevaremos bien.
Éramos tan diferentes, su cuerpo era perfecto, su rostro era como la de una aspirante a estrella de televisión en cambio yo tenía el cabello negro lizo, mi rostro era tan pálido que pareciera como si estuviera muerta o si fuera un vampiro, mis ojos negros oscuros, mis labios pequeños pero gruesos rojos, mejillas súper rojas y mi uniforme gigantesco y mis zapatillas de mi anterior instituto….
Baje de nuevo los escalones en búsqueda de algo mejor dicho de alguien “Lucas”; tuve éxito al llegar al vestíbulo donde cenaríamos lo encontré sentado en un sillón tocando una melodía suave relajante, hipnotizadora; el sobresalía no era como los demás, un destello del cabello castaño oscuro, sus anchas espaldas o esos ojos verdes oscuros, él era frio, pedante y vanidoso; rasgos bellos y definidos, el mismo cuerpo de perfectas proporciones y la misma…en fin la misma perfección -¿Lucas? – Eh hola, Danna –bonita noche no?
Me quede mirándolo…-¿Estas bien? Me pregunto –Si, no pasa nada
Iba vestido para confundirse con las sombras: pantalones largos negros y una camiseta de manga larga que hacia resaltar sus brazos y su pecho musculosos. Había algo agresivamente masculino en él. –Me lanzo una mirada curiosa, nuestras miradas se encontraron y me dijo ¿yo te importo? – Logre responder- obvio si, definitivamente me despiertas algo muy extraño…el silencio albergo y respondió – pensé que me pasaba solo a mi ¿Lucas no se había dado cuenta que a mí también me gustaba el?
Me quede mirándolo…-¿Estas bien? Me pregunto –Si, no pasa nada
Iba vestido para confundirse con las sombras: pantalones largos negros y una camiseta de manga larga que hacia resaltar sus brazos y su pecho musculosos. Había algo agresivamente masculino en él. –Me lanzo una mirada curiosa, nuestras miradas se encontraron y me dijo ¿yo te importo? – Logre responder- obvio si, definitivamente me despiertas algo muy extraño…el silencio albergo y respondió – pensé que me pasaba solo a mi ¿Lucas no se había dado cuenta que a mí también me gustaba el?
El silencio se instaló en nosotros, a veces encuentras gente con la que puedes estar callada sin tener la sensación de que necesitas rellenar el silencio con charlas incoherentes.
Oye, podríamos salir algún día juntos en el almuerzo logre decir, -Podríamos pero… --¿Por qué vacilaba Lucas? –Danna es mejor que seamos amigos. Me gustas, pero n oes buena idea que pases demasiado tiempo conmigo. Ya has visto que no soy precisamente el chico más popular del campus.
Danna, si tú y yo…Si nosotros…
Si nosotros ¿Qué? Imagine miles de respuestas a esa pregunta y me gustaron casi todas. Nuestras miradas se entrelazaron con tanta fuerza que parecía imposible desprenderlas. La pasión de Lucas era arrolladora que sus palabras cortaron mi respiración.
Danna, si tú y yo…Si nosotros…
Si nosotros ¿Qué? Imagine miles de respuestas a esa pregunta y me gustaron casi todas. Nuestras miradas se entrelazaron con tanta fuerza que parecía imposible desprenderlas. La pasión de Lucas era arrolladora que sus palabras cortaron mi respiración.
Mira Danna yo nunca he tenido algún lazo con una chica y no podría soportar que te hiciera la vida imposible – consiguió decir al fin Lucas
¿Estaba protegiéndome?
La luz de la luna se colaba entre las hojas de la enredadera. Lucas estaba lo bastante cerca para no poder reconocer su fragancia.
-Lo e enredado todo verdad? –Lucas parecía casi tan azorado como yo –No estoy acostumbrado.
-¿A hablar con chicas? Pregunte. Me costaba mucho creerle. Sin embargo no cabía duda de su sinceridad cuando asistió con la cabeza. Se me acerco lento recostando su frente contra la mía, sentí el corazón empezaba a latirme con fuerza, sonrió y dijo – Hasta pronto Danna y me beso la mejilla rozando suave una parte de mi labio.
¿Estaba protegiéndome?
La luz de la luna se colaba entre las hojas de la enredadera. Lucas estaba lo bastante cerca para no poder reconocer su fragancia.
-Lo e enredado todo verdad? –Lucas parecía casi tan azorado como yo –No estoy acostumbrado.
-¿A hablar con chicas? Pregunte. Me costaba mucho creerle. Sin embargo no cabía duda de su sinceridad cuando asistió con la cabeza. Se me acerco lento recostando su frente contra la mía, sentí el corazón empezaba a latirme con fuerza, sonrió y dijo – Hasta pronto Danna y me beso la mejilla rozando suave una parte de mi labio.
Esa palabra siguió resonando en mis odios de camino a mi dormitorio: Pronto.
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